• 28 abril, 2026

LAMENTO POR NUESTRA IDENTIDAD


Por: Khalid Velasco

Director jurídico Everyday Solutions Sas

Aquí estamos, con el alma transida de un hondo dolor de patria, al espectáculo dantesco de una nación que se desguaza a sí misma. No es ya la simple alternancia del poder, sino la demolición sistemática de los cimientos que nos hicieron república y civilización. La ofensiva de la izquierda radical, envuelta en el celofán de un humanismo espurio y de un progresismo de cafetín, ha decidido que, para edificar su utopía de barro, es imperativo degollar la tradición, profanar la identidad y proscribir los ritos que nos vinculan con la grandeza de nuestra estirpe. La embestida contra la Tauromaquia no es una cuestión de sensibilidad animalista; es un acto de guerra cultural. Es el odio de quienes, careciendo de historia, pretenden borrar la de los demás. Al proscribir el rito del toro, no solo se ataca un espectáculo; se amputa una columna del acervo cultural que nos define. Es el odio a la verticalidad, al valor frente a la muerte y a la estética del sacrificio, virtudes que resultan intolerables para el colectivismo informe que hoy pretende pastorear a las masas desde el rencor de clase.

El dolor de patria nos oprime el pecho al ver cómo la institucionalidad se doblega ante la algarabía de la turba. La nación que antaño se regía por la severidad del derecho y el respeto a la propiedad privada, hoy parece extraviada en el laberinto de un igualitarismo asfixiante que premia la mediocridad y persigue la excelencia. Se busca una Colombia despojada de sus templos, de sus ruedos y de sus símbolos, una nación amnésica que sea presa fácil para los ingenieros sociales del odio.

Quienes defendemos la tradición no lo hacemos por un capricho del pasado, sino por un deber con el futuro. Un pueblo que entrega sus ritos es un pueblo que entrega su libertad. La tauromaquia, pilar de nuestra identidad, es el reducto último de una gallardía que la izquierda quiere domesticar. No se trata solo de la arena y el sol; se trata del derecho a ser nosotros mismos, de la defensa de una herencia que se forjó entre el rigor de la fe y la bravura del temperamento nacional.

La preservación de nuestras tradiciones es la defensa misma de la patria. Ante el avance de quienes desprecian la jerarquía, el orden y la historia, nuestra respuesta debe ser la intransigencia del honor. No habrá tregua con quienes pretenden convertir a Colombia en un erial sin memoria. Mientras quede un hombre que vibre con la verdad de la espada y la muleta, mientras exista un ciudadano que entienda que la patria se defiende protegiendo sus instituciones y sus raíces, la llama de la civilización no será extinguida por las sombras del marxismo.

Hacer patria hoy es resistir. Es mantener la frente en alto frente a la ignominia y recordar que una nación sin tradiciones no es más que una muchedumbre a la deriva, condenada a repetir el error de quienes olvidaron que la libertad se conquista con el rigor de la norma y el fuego de la tradición.

En la arena, el ritual: la Tauromaquia pura,

donde el sol y la sombra dividen el mundo;

pilar de mi vida, de mi arquitectura,

sentido de un orden estético y profundo.

Allí donde el toro y el hombre se miden,

comprendo que el arte requiere valor;

que las tradiciones jamás se despiden,

mientras quede un hombre con código de honor.

Soy muro de piedra ante el viento del cambio,

defensor de lo eterno, de lo institucional;

no hay trato ni tregua, ni venta ni cambio,

en la guarda constante del bien nacional.

Que se mantenga el culto al honor y a la gloria,

que la tradición sea mi único norte;

pues solo quien guarda su propia memoria,

merece del hombre su noble soporte.

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